Placeres Desconocidos (2º parte)

Se ha ido.

Por unos instantes seguí con la vista sus pasos; pensando incluso en levantarme e ir tras su misma dirección; aunque ya no recuerdo si me puse de pie, o tan sólo me disponía a hacerlo. Nada mas tuve la conciencia de lo que estaba sucediendo, imaginé el tipo de situación que hubiese ocurrido de haber vuelto ella la cabeza, verme detrás, y notar que yo quería seguirla. Haya sido un acto, o un simple pensamiento, ya no importa… tan sólo sé que me detuve; no por inercia, sino por miedo… un miedo consciente.

Pero… ¿Es acaso miedo lo que yo estoy sintiendo.-pensé- no solo ahora ,sino desde hace tanto tiempo? Miedo…una palabra que chapotea en la piscina de mi memoria, que como una piedra arrojada violentamente a un rió tranquilo, brotara lenta e insoportablemente el tubérculo de una tristeza en mi interior.

Miedo….-sigo pensando a mis adentros.- miedo es como el temor a algo que sabemos o imaginamos que nos amenaza; la certeza pesimista de algo que sabemos ocurrirá, tarde o temprano, siendo el tiempo y su intensidad no mas que variables inasequibles, y secundarias. ¿Es lo mismo, entonces, miedo que angustia?. Supongo que la angustia es el miedo a la nada, la incertidumbre ante la posibilidad, ante la libertad de poder elegir, y decidir, pero ¿qué, sumar o restar la medida de nuestros actos, para apenas recién allí dilucidar oscuros resultados?

Sí, no debe ser más que eso. ¿O es que alguien me ha impedido llegar hasta acá, para verla, aún ante la posibilidad de luego arrepentirme de haberlo hecho?.

- ¡Hola!, ¿Andas de nuevo pensativo, o es que tienes sueño nomás?

Levanté la vista hacia su rostro sonriente. Mi corazón golpeaba con fuerza. La vi ahí, frente a mí, con su rostro envuelto en un áurea radiante, brillando por sí solo cuando sus labios dibujaban un saludo. Una voz que parecía ser el único sonido mientras el eco de los ruidos de la ciudad se volvían distantes, y todo no era más que un tímido murmullo que iba disolviéndose, como el agua de aquella fuente, o el gorjeo de los pájaros.

La miré a los ojos, sonriendo también.

- Hola… bueno..pensar también da sueño, ¿sabes?; sobre todo cuando el tiempo, más que inspirar, te embriaga, y te embriaga de tanto pensar en alguien.

Se ríe, me mira con ojos tranquilos. Trato de poner un rostro mas serio. Lleva un cintillo amarillo de tela, que al descubrir toda su frente hace su rostro más expresivo.

- No es palabrería poética, bueno… sí, fue planeado lo que te dije, pero no por eso fue mentira.

Siguió un breve silencio. Fijó la vista en el suelo, en la hojarasca que yacía ahí, blanda y muerta. Cuando dejaba de sonreír, era como si la red de la noche cayera antes, y se expresara solamente en su rostro; como si cada facción de este se apagase, como velas en la habitación de un moribundo.

- ¿Caminamos?.- Dijo, invitándome con un gesto a mirar antes por el sendero que conducía al final de la plaza.- ¿Te gusta, a tí?, a mí me encanta, sobre todo por estas calles.

- Sí.- respondí.- Recorrer estas calles, y el trazo tan… colonial de estas casas, ya sabes…

Nunca podía hilvanar totalmente una frase cuando hablaba con ella. Todo parecía tan cortante, breve, inseguro, como mis pasos a su lado. Sin embargo, eran esos sutiles pasos los que me daban la tranquilidad necesaria, como si de ellos dependiera el pulso de mi respiración. Qué lindo abrigo negro. Me gustaba mirar en qué lugar de sus hombros terminaban las puntas de su cabello negro y liso.

(¿Debo continuar?)

Advertisement
Esta entrada fue publicada en Literatura Personal y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s