En Viaje…

Los rieles corren empapados hacia el Profundo Sur
y tú me dices:
“Ahora puedes dejar de actuar
y dime de verdad quién eres”.
Niña:
esa pregunta te la hubiese contestado hace
muchos años
y mi respuesta
no hubiese significado nada.
Ahora
te contesto escribiendo en la empañada
ventanilla del tren:
“Viajas con Personne. Duerme y dile a los amigos
que me despierten en la “Llanura
del Diablo”.

No se debe preguntar quién eres, fuiste o serás.
Las mejores preguntas no tienen respuesta.

Jorge Teillier.

El Molino y la Higuera. 1993.

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En viaje…

Los rieles corren empapados hacia el Profundo Sur
y tú me dices:
“Ahora puedes dejar de actuar
y dime de verdad quién eres”.
Niña:
esa pregunta te la hubiese contestado hace
muchos años
y mi respuesta
no hubiese significado nada.
Ahora
te contesto escribiendo en la empañada
ventanilla del tren:
“Viajas con Personne. Duerme y dile a los amigos
que me despierten en la “Llanura
del Diablo”.

No se debe preguntar quién eres, fuiste o serás.
Las mejores preguntas no tienen respuesta.

(Jorge Teillier).

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Edad de Oro.

Un día u otro
todos seremos felices.
Yo estaré libre
de mi sombra y mi nombre.
El que tuvo temor
escuchará junto a los suyos
los pasos de su madre,
el rostro de la amada será
siempre joven
al reflejo de la luz antigua de la ventana,
y el padre hallará en la despensa la linterna
para buscar en el patio
la navaja extraviada.

No sabremos
si la caja de música
suena durante horas o un minuto;
tú hallarás -sin sorpresa-
el atlas sobre el cual soñaste con extraños países,
tendrás en tus manos
un pez venido del río de tu pueblo,
y Ella alzará sus párpados
y será de nuevo pura y grave
como las piedras lavadas por la lluvia.

Todos nos reuniremos
bajo la solemne y aburrida mirada
de personas que nunca han existido,
y nos saludaremos sonriendo apenas
pues todavía creeremos estar vivos.

Jorge Teillier.

De El cielo cae con las hojas, 1958

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Bajo el cielo nacido tras la lluvia

Bajo el cielo nacido tras la lluvia
escucho un leve deslizarse de remos en el agua,
mientras pienso que la felicidad
no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.
O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,
esa luz que aparece y desaparece
en el oscuro oleaje de los años
lentos como una cena tras un entierro.

O la luz de una casa hallada tras la colina
cuando ya creíamos que no quedaba sino andar y andar.

O el espacio del silencio
entre mi voz y la voz de alguien
revelándome el verdadero nombre de las cosas
con sólo nombrarlas: “álamos”, “tejados”.
La distancia entre el tintineo del cencerro
en el cuello de la oveja al amanecer
y el ruido de una puerta cerrándose tras una fiesta.
El espacio entre el grito del ave herida en el pantano,
y las alas plegadas de una mariposa
sobre la cumbre de la loma barrida por el viento.

Eso fue la felicidad:
dibujar en la escarcha figuras sin sentido
sabiendo que no durarían nada,
cortar una rama de pino
para escribir un instante nuestro nombre en la tierra húmeda,
atrapar una plumilla de cardo
para detener la huida de toda una estación.

Así era la felicidad:
breve como el sueño del aromo derribado,
o el baile de la solterona loca frente al espejo roto. Pero no importa que los días felices sean breves
como el viaje de la estrella desprendida del cielo,
pues siempre podremos reunir sus recuerdos,
así como el niño castigado en el patio
encuentra guijarros para formar brillantes ejércitos.
Pues siempre podremos estar en un día que no es ayer ni mañana,
mirando el cielo nacido tras la lluvia
y escuchando a lo lejos
un leve deslizarse de remos en el agua.

(Jorge Teillier)

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Placeres Desconocidos (2º parte)

Se ha ido.

Por unos instantes seguí con la vista sus pasos; pensando incluso en levantarme e ir tras su misma dirección; aunque ya no recuerdo si me puse de pie, o tan sólo me disponía a hacerlo. Nada mas tuve la conciencia de lo que estaba sucediendo, imaginé el tipo de situación que hubiese ocurrido de haber vuelto ella la cabeza, verme detrás, y notar que yo quería seguirla. Haya sido un acto, o un simple pensamiento, ya no importa… tan sólo sé que me detuve; no por inercia, sino por miedo… un miedo consciente.

Pero… ¿Es acaso miedo lo que yo estoy sintiendo.-pensé- no solo ahora ,sino desde hace tanto tiempo? Miedo…una palabra que chapotea en la piscina de mi memoria, que como una piedra arrojada violentamente a un rió tranquilo, brotara lenta e insoportablemente el tubérculo de una tristeza en mi interior.

Miedo….-sigo pensando a mis adentros.- miedo es como el temor a algo que sabemos o imaginamos que nos amenaza; la certeza pesimista de algo que sabemos ocurrirá, tarde o temprano, siendo el tiempo y su intensidad no mas que variables inasequibles, y secundarias. ¿Es lo mismo, entonces, miedo que angustia?. Supongo que la angustia es el miedo a la nada, la incertidumbre ante la posibilidad, ante la libertad de poder elegir, y decidir, pero ¿qué, sumar o restar la medida de nuestros actos, para apenas recién allí dilucidar oscuros resultados?

Sí, no debe ser más que eso. ¿O es que alguien me ha impedido llegar hasta acá, para verla, aún ante la posibilidad de luego arrepentirme de haberlo hecho?.

- ¡Hola!, ¿Andas de nuevo pensativo, o es que tienes sueño nomás?

Levanté la vista hacia su rostro sonriente. Mi corazón golpeaba con fuerza. La vi ahí, frente a mí, con su rostro envuelto en un áurea radiante, brillando por sí solo cuando sus labios dibujaban un saludo. Una voz que parecía ser el único sonido mientras el eco de los ruidos de la ciudad se volvían distantes, y todo no era más que un tímido murmullo que iba disolviéndose, como el agua de aquella fuente, o el gorjeo de los pájaros.

La miré a los ojos, sonriendo también.

- Hola… bueno..pensar también da sueño, ¿sabes?; sobre todo cuando el tiempo, más que inspirar, te embriaga, y te embriaga de tanto pensar en alguien.

Se ríe, me mira con ojos tranquilos. Trato de poner un rostro mas serio. Lleva un cintillo amarillo de tela, que al descubrir toda su frente hace su rostro más expresivo.

- No es palabrería poética, bueno… sí, fue planeado lo que te dije, pero no por eso fue mentira.

Siguió un breve silencio. Fijó la vista en el suelo, en la hojarasca que yacía ahí, blanda y muerta. Cuando dejaba de sonreír, era como si la red de la noche cayera antes, y se expresara solamente en su rostro; como si cada facción de este se apagase, como velas en la habitación de un moribundo.

- ¿Caminamos?.- Dijo, invitándome con un gesto a mirar antes por el sendero que conducía al final de la plaza.- ¿Te gusta, a tí?, a mí me encanta, sobre todo por estas calles.

- Sí.- respondí.- Recorrer estas calles, y el trazo tan… colonial de estas casas, ya sabes…

Nunca podía hilvanar totalmente una frase cuando hablaba con ella. Todo parecía tan cortante, breve, inseguro, como mis pasos a su lado. Sin embargo, eran esos sutiles pasos los que me daban la tranquilidad necesaria, como si de ellos dependiera el pulso de mi respiración. Qué lindo abrigo negro. Me gustaba mirar en qué lugar de sus hombros terminaban las puntas de su cabello negro y liso.

(¿Debo continuar?)

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La vida se va a la deriva…mientras perseguimos erradas mentiras.

Abaddón, el exterminador (Ernesto Sábato)

Fragmento

“Porque no hay una felicidad absoluta, pensaba. Apenas se nos da en fugaces y frágiles momentos y el arte es una manera de eternizar (de querer eternizar) esos instantes de amor o de éxtasis; y porque todas nuestras esperanzas se convierten tarde o temprano en torpes realidades; porque todos somos frustrados de alguna manera, y si triunfamos en algo fracasamos en otra cosa, por ser la frustración el inevitable destino de todo ser que ha nacido para morir; y porque todos estamos solos o terminamos solos algún día: los amantes sin el amado el padre sin sus hijos o los hijos sin sus padres, y el revolucionario puro ante la triste materialización de aquellos ideales que años atrás defendió con su sufrimiento en medio de atroces torturas; y porque toda la vida es un perpetuo desencuentro, y alguien que encontramos en nuestro camino no lo queremos cuando el nos quiere, o lo queremos cuando ya él no nos quiere, o después de muerto, cuando nuestro amor ya es inútil; y porque nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día, y nuestra casa de infancia ya no es más la que escondió nuestros tesoros y secretos, y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está más entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros; y porque el pueblo se ha transformado, y la escuela donde aprendimos a leer ya no tiene aquellas láminas que nos hacían soñar, y los circos han sido desplazados por la televisión, y no hay organitos, y la plaza de infancia es ridículamente pequeña cuando la volvemos a encontrar”.

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Rápido hacia ninguna parte… (1ª)

Se está tardando demasiado.

Enciendo un cigarrillo, y fijo con obsesión la vista sobre la hojarasca del suelo. El humo se desvanece ante mis ojos como el aliento exhalado en el frío. La plaza está casi desierta, y el resplandor sangriento del cielo se va volviendo púrpura, engullendo con su sombrío velo los últimos restos del día. Pareciera que las nubes se van volviendo cenizas tan rápido como las del cigarro. Ya me he fumado tres, cada uno más rápido que el anterior. ¿Qué habrá pasado?, ¿se habrá arrepentido?. Debí sospecharlo, en personas como ella, no hay más que palabras, que se las lleva el olvido, como algo escrito en la orilla de una playa.

No. Vislumbro su figura a lo lejos. En mi pecho algo frío se esparce; me ataca una ansiedad, pero es una deliciosa ansiedad. Mis sentimientos, y mis ganas de decirle lo que me pasa, están por desbordarse. ¡Ha sido una eternidad el esperarte!. Si cada momento hubiese podido medirlo en mi cabeza, cada milímetro, cada centímetro, en toda su obsesión, en toda su profundidad, habría sabido hasta qué punto este tormento me hubiese ahogado en la locura..

Sus ojos tristes, pero fijos, penetrantes, me hacen parecer que en el fondo esta sonriendo.

- Disculpa mi tardanza… es que mi hermana; ya sabes…

- Hola. No; no importa. Lo importante es ahora, que estas conmigo, aunque sea por unos minutos.

- Claro.

Cuántas veces me había recreado una situación así; los mismos gestos, los mismos diálogos. Tomo su mano, y cobijo suavemente mis dedos entre el calor de los suyos. Ella solo me mira, y sonríe.

- Te he echado de menos.

- Yo también.

Las palabras se entorpecen al querer salir a la superficie, chocan como olas ante las rocas.

- Entonces, ¿De verdad yo te gusto?

Ella mira al suelo por unos instantes, ¿acaso la respuesta está perdida entre esa hojarasca marchita del otoño?

- Sí… es verdad.

- Y bueno.. ¿Qué sucede con él?

- ¿Él?. Bueno, sabrá entenderlo… podemos terminar hoy.

No puedo socavar el miedo que me ha acosado en mi mente desde que la conocí. Cómo me gustaría pasar un minuto más con ella, perdido entre los párpados oscuros de sus ojos tristes.

- Debo irme ahora.-

Deslizo el torso de mi mano por el contorno de su mejilla, tibia y sonrosada.

- Te llamaré apenas vuelva a mi casa. Sé que esto es muy apresurado; y necesitamos conocernos mejor, ¿Estarás atenta, verdad?.

Sonríe, solo sonríe. Me mira furtivamente, y pierde su atención en algún horizonte invisible, quizás inmerso en su más desconocida conciencia, para mí.

- Sí. Estaré atenta a tu llamada. Chao.

Me da un beso en la boca, la tibia humedad de sus labios queda impregnada por largos segundos en mi rostro.

- Chao. Te quiero mucho.

¿Me miraron alguna vez esos ojos? ¿Cuántos matices y lecturas puede entregar a nuestros pensamientos el simple gesto, o mirada, de una mujer? Tantos, tantos…

[Continuará]

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Damon Albarn & Friends: Mali Music (2001)

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Hace seis años, Gorillaz de Damon Albarn redefinió el significado del proyecto musical paralelo. Hasta esa fecha, la noción que se tenía sobre este concepto era el de una aventura hacia universos sonoros poco ortodoxos, y propios claro del derecho a venir de una banda consolidada, sin mayores cuentas ni presiones comerciales que rendir a la crítica, como lo era Blur. Sin embargo, escapando a esta regla general, Gorillaz (2001) en su disco debut, vendió más de seis millones de discos (el equivalente en un año a lo que Blur había logrado en diez!!), catapultando a esta banda virtual a la presión de continuar del lucrativo esquema música/animación, a expensas de la muerte del Brit Pop.

              Naturalmente nos referimos a términos netamente comerciales, aunque este trabajo, en su conjunto, haya superado ampliamente en calidad a Think Tank (2003), el irregular disco retorno de un Blur sin su guitarrista Graham Coxon. Este fue un disco lleno de vacíos que el bajo, los sintetizadores, y las guitarras descafeinadas muchas veces parecían forzadas a suplir. Además de poco inspirado, por mucho que estuviese inmerso en la innovación de los ritmos africanos, el disco acabó por quedar relegado a la calidad ser más un trabajo solista de Albarn que de una obra de los perros de Essex.

              Consolidado el proyecto de Gorillaz, y ahora bajo la libertad (sin duda económica) de explorar los confines exóticos del World Music, inmediatamente 1 año después Albarn apareció con Mali Music. Este trabajo en realidad es difícil de considerar personal, no solo porque este escapa a los márgenes tradicionales de accesibilidad  (sea trip, hip hop, punk, dub, indie, dance, de todas maneras es´algo “occidental”, no?), sino este trabajo corresponde también a la autoría de varios músicos:  Afel Bocoum, Traoré, Moussa Diabaté, Kasse Diabaté, y otros.

En Mali Music, Damon Albarn rinde un tributo a los origenes de la música, pero a excepción del World Music tradicional (donde ya han incursionado artistas conocidos como Peter Gabriel y Sting) los ajustes dirigidos  al formato dirigible “occidental” son acá mínimos. He allí la extrañeza que producen muchas de las canciones, donde los arreglos de post-producción y las remezclas se notan en unas contadas canciones. De hecho, varias de estas fueron el resultado de grabaciones callejeras hechas en bares y ferias, resaltando el aspecto improvisado y vivo de estos artistas africanos; percibiendose así nítido un aire carnavalesco, autóctono e itinerante.

Mali Music nació producto de un viaje de Albarn a este país de la costa oeste africana en ayuda de una fundación que promueve la música de este continente al mundo. Equipado tan solo de una melódica (instrumento de viento incoporado de un teclado, que Albarn ya había utilizado en varios discos de Blur). La tentación y el encanto al parecer fue imenso, porque el resultado de estas 40 horas de grabaciones fueron seleccionadas, remezcladas, y levemente modificadas algunas en su estudio de vuelta en Londres. Se le añadieron sonidos de teclados, percusión, guitarras, secuencias, y algunos coros, supongo para que el trabajo pareciese ser en algo de Albarn, porque salvo unos 3 temas, uno pensaría en cualquier músico, menos él.

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Ahora bien, con esta un poco larga introducción, vamos por canciones:

Spoons Es una excelente, sino atípica, introducción al disco. Un corte instrumental atmosférico y oscuro, al compás de un pausado piano, y la familiar voz cansina de Albarn entonando “yeah, yeah, yeah”. Este tema trae más reminiscencias a Gorillaz que a los polvorientos poblados de Mali. Como sea, luego de Spoons, Albarn súbitamente desaparece por unos minutos y deja a los músicos africanos asumir el rol principal del disco. 

Bamako City es una canción contagiosa, construída sobre una base tribal con voces impresionamente orgánicas. Este aspecto vivo y básico es mantenido intencionalmente para resaltar este ambiente de calles. Los temas pareciesen estar divididos entre la música tradicional de Mali, con guitarras acústicas, koras y griots, y los cortes instrumentales étnicos más amoldados al paladar occidental.

Makeleke comienza con una manera muy tradicional con voces africanas al frente, antes de sumergirse en viscosos rasgueos de guitarra y unas secuencias electrónicas dignas de haber sido hechas por Chemical Brothers, con loops y bases acid-house rayando en la esquizofrenia. Aparentemente sonaría horrible y sin calzado, pero es increíble cuánto logra incorporarse a la línea temática general del álbum: Un nuevo puente hacia las raíces de la música.

Sunset Coming On tiene la melancolía de los más finos momentos de Blur (1997) o “13″ (1999), sin sonar fuera de lugar. Violines, cuerdas, y la imperante melódica con un suave sabor a nostalgia, a la sensación propia que nos brinda la imágen de un atardecer, como señala el mismo título de la canción. Este es el único tema del álbum donde Albarn canta, y por tanto el más convencional,aunque la letra es bastante corta y repetitiva, ajustandose a este formato tan minimalista de la música africana. Canción memorable, y que fácilmente se convertirá en tu favorita.

On the River y Les Escrocs dan término a un proyecto cuya raíz étnica es su esencia, donde Albarn sólo añade unos pocos coros, capas de atmósferas y pianos, dandole prioridad a los instrumentos de cuerdas y vientos africanos, cargados de melancolía y nostalgia, devolviendonos a esa oscuridad inicial de Spoons.

Pese a cualquier crítica proveniente de un paladar fanático del Brit Pop, en el entusiasmo y la curiosidad no hay ningún crimen; y Damon Albarn no solo demuestra una apertura mental, sino que abre un mundo poco conocido lleno de exotismo, y con un resultado vanguardista.

Con este trabajo, Albarn ahora es un pionero del desarrollo de la música africana y el reconocimiento a figuras musicales que nada tienen que envidiarle de virtuosismo a los occidentales.

Su viaje a Mali no fue en vano.

Descárgalo Aquí.

Pass: alejandrofredes.blogspot.com


 

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Ojos Bien Cerrados (Eyes Wide Shut).

William (Tom Cruise) y Alice (Nicole Kidman) son un joven matrimonio con todas las virtudes que podrían esperarse en esta sociedad pos modernista: Belleza, dinero, cultura, posición social, y familia… pero tras esa ensoñadora e ideal existencia..no tienen nada: No hay confianza ni conocimiento mutuo, y la poderosa inercia de la rutina los ha arrastrado a una forzosa y cínica construcción ideal de pareja y familia feliz, donde placeres esenciales como el amor y la empatía han sido reemplazados por el hedonismo, y el consumo.

Una noche, empujada sin duda por los sinceros impulsos que otorga la marihuana, su monótona existencia se deja fríamente traslucir: En un punto, quizás insoslayable, de inflexión entre personas desconocidas e indiferentes ante sus conflictos interiores, Alice le confiesa a su esposo que tiempo atrás le acosó una intensa fantasía sexual con otro hombre, al punto de llegar a pensar en dejarlo todo por él. Tras este catártico arrebato de sinceridad, oculta bajo un subyacente pero cada vez más sugestivo e intencionado deseo de venganza, se inicia entre ambos la inmersión en un espiral obsesivo y sediento de placeres desconocidos, donde la en un comienzo fría, educada y tranquila perplejidad indiferente de William pasará de la contemplación insensible al comienzo de un viaje sin retorno a los más sórdidos subterfugios del hedonismo, revestido en un áurea onírica, de ensoñación y simbolismo, abriendo un círculo vicioso de venganza.

La imágen de la portada promocional es un verdadero acierto fotográfico, que representa cabalmente la esencia del film: La desazón y la pérdida de sensibilidad reflejada en esa mirada desatenta, e incluso triste, de Alice, pero concentrada y fija ante los ojos del expectador. Sin embargo, aquellos ojos tampoco nos miran, pues están sumidos en algun horizonte lejano de sus pensamientos. ¿Es posible negar, ante tan expresiva imágen, los infinitos matices y lecturas que nos puede dar a pensar el simple gesto, o mirada, de una mujer?

En una primera lectura podría parecer una historia sobre la infidelidad y la desconfianza entre parejas, pero al igual que como un buen retrato que es preciso observarlo reiterada y detenidas veces para capturar e interpretar cada uno de sus detalles y matices, nos damos cuenta que nos encontramos frente a una profunda reflexión existencialista de Stanley Kubrick sobre la vorágine pos moderna de la deshumanización de los valores, los referentes e incluso el sentido de la vida en las sociedades actuales. Fenómeno que Kubrick explora a través de aristas de este complejo, en las clases altas, donde se ha establecido un dominio absoluto del materialismo, el consumo y la competencia no solo como bases fundamentales de un proyecto de vida, sino también como sustitutos elementales de la necesidad de aceptación social. Sensaciones como el amor, la empatía y la confianza han dejado de existir, son contempladas desde una óptica intelectual y despectiva, que trata de ocultar el derrumbamiento interior de una vida exuberante por fuera, pero vacua, hipócrita y carcomida por dentro.

Stanley Kubrick, llamado por algunos el director filósofo, explora con agudeza en esta obra póstuma (como un digno sucesor de Dostoievski llevado al séptimo arte), las más recónditas profundidades del alma humana, como una sonda bajo aguas sumidas entre agitaciones venidas de innumerables fuerzas. Mostrando un inmenso interés por el hombre de su tiempo, ha conseguido de la manera más lograda (y lo mejor, sin pretensiones ni petulancias intelectualoides) colocar a sus personajes en situaciones sumamente extremas, sea en la violencia de una sociedad futurista, el espacio exterior, la Inglaterra del siglo XVIII, la guerra en Vietnam, o el fin del siglo XX, para rastrear con un realismo increíblemente incisivo y roturado los conflictos interiores de las personas, y sus motivaciones más profundas, de manera magistral.

Stanley Kubrick, personaje definido como huraño, reservado, de carácter concentrado, y sobre todo dotado de un perfeccionismo estético y conceptual rayando en lo obsesivo por plasmar en la pantalla no solo sus complejas tramas y reflexiones, sino que también sus logradas escenas y tomas visuales, dignas cada una de ellas de una exposición fotográfica, por sus elaboradísimas atmósferas y matices, donde los colores y las iluminaciones no son simples ejercicios autocomplacientes e innecesarios de estética visual, sino parte fundamental del desarrollo conceptual e integral de sus obras: Cada escena, cada montaje, cada encuadre de la filmación esta cuidadosamente trabajado para representar con exactitud milimétrica el mensaje, muchas veces críptico, que quiere expresar a través de cada escena. Por ejemplo, para esta película Kubrick trabajó sobre la base de una constante y definida estructura cromática, que refleja la dialéctica la ideal sensibilidad y el vacío existencial: Hay escenas, sobre todo en las que transcurren los diálogos matrimoniales, en las que confluyen matices de un color rojo anaranjado muy vivo, pero que a su vez termina ensombreciendose por un azul cada vez más profundo, muestra evidente de frialdad y deshumanización. De aquí, de este intento por atribuirle lenguaje implícito no solo al subtexto de los dialogos, o los gestos de los intérpretes, sino que también a las situaciones, los ambientes y las atmósferas, podría explicarse el carácter siempre lento, pausado, atmosférico e incluso ensoñador de las situaciones que retrata.

La imágen de la portada promocional de la película (y también la escena que muestra el trailer), es sumamente representativa de la problemática que estudia el autor, un contacto en apariencia placentero (vamos, a quién podría no gustarle Nicole Kidman) y rebosante no solo de sensualidad, sino también de afecto… pero los ojos y la mueca de angustia y frialdad que muestra Kidman al deslizar su vista hacia el espejo, y en una segunda lectura, hacia el expectador, “mirandolo” a su vez fijamente a los ojos, resulta ser una genial síntesis de este rastreo por la ofuscación interior de personas que en apariencia lo tienen todo, pero están desazonados bajo esta existencia disfrazada de ideal.

Todos los elementos, en este caso los estéticos, aportan a la construcción de obras donde se dice más lo que se ve de lo que se escucha. Kubrick fue fotógrafo de profesión, asiduo lector y ajedrecista por afición. Quizás allí tenemos unos pocos ingredientes para la gestación de un gran genio del cine: Talento nato, con sabiduría erudita y obsesión perfeccionista por el artificio e intrincado afán de retratar holísticamente reflexiones profundas y crípticas acerca de la aventura humana.

Director: Stanley Kubrick (póstumo).

1999.

Actores: Tom Cruise, Nicole Kidman, Sydney Pollack.

Inglaterra.

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Esto de “envejecer”… Con 2 Canciones


Parafraseando en cierta medida un post que encontré por ahí, en una de esas tardes en que como una piedra en un río -de esos de los que hablé antes- me dejo llevar por los caprichos de la inercia y las circunstancias, aparentemente ajenas, pero transversales a mi existencia, me quiero permitir opinar hoy, año 2007, sobre 2 canciones que para bien o mal cada día me están identificando,  sobre el irrefrenable paso del tiempo.

La primera, ciertamente un placer culpable es Older, de George Michael, es un tema de 1994, de disco homónimo, subvalorado en su tiempo, pero que contiene canciones de una fuerte carga emotiva, en su mayoria lentos, como el que acá menciono. Marcado por un tempo lento, atmosférico, intimista, de aires jazzisticos, destacan los sintetizadores melódicos, que forman una suerte de colchón o pozo sónico sobre el que descansan emotivas inflexiones vocales, coros, solos de saxo, movilizados en su totalidad por un piano lento y unos ligeros timbales al oido como base fundamental de la canción.

He aquí la letra, con una traducción personal.

 Older (Mas viejo…)


Debí haberlo sabido

Parecía tan fácil

Estabas ahí…

y en mi interior yo respiraba tristeza 

 

Es extraño

Piensas que me estoy volviendo viejo?

Pero algo bueno me ha sucedido

El cambio es como un extraño

que tú aun estás por conocer…

 

Bueno, estoy fuera del tiempo

Me estoy dejando ir…

Tú estarás bien…

Mucho mejor, lo sé…

Estás fuera de tiempo

Me estoy dejando ir

No soy el hombre que quieres

Debí haberlo sabido

Parecía tan fácil

Estabas ahí…

Pensé que te necesitaba…

Es extraño

Piensas que me estoy volviendo viejo?

Pero algo bueno me ha sucedido

El cambio es como un extraño

que nunca pareciese mostrarse

Bueno, tu estás fuera de tiempo

Me estoy dejando ir

Estarás bien…

(o quizás no lo estarás)

Estás fuera de tiempo

me estoy dejando ir

No soy el hombre que tu quieres….

Nunca debí haber vuelto hacia atrás, hacia tu dirección

Se qué

serán las mismas viejas peleas, niña

Estas serán unos dias perdidos, vacíos de afecto

Pero no volveré a ser ese mismo tonto, de nuevo…


Aquí está el link de la canción.

 Como ves en la foto, la siguiente canción que citaré la letra y el mp3 es The Last Day of Summer (El último día de verano). Esta es una canción de tempo medio, llena de acordes suaves y etéreos, atmosféricos, casi al punto de la ebullición, causando una sensación sumamente nostálgica, como si tocase cada uno de tus sentidos, mientras aparentaras descansar en un letargo de recuerdos que quizás alguna vez fueron mejores. Sobresalen los solos de guitarra (obra de Robert Smith) , que le contribuyen a la canción una sensación cada vez más inquietante de nostalgia y melancolía, con ciertos aires de tarde de verano. Como aclaración, la canción se llama así por cierta creencia que sostiene que los ciclos de la vida se pueden clasificar en etapas similares a las estaciones del año; así , de los 1 a los 19 es la Primavera de la vida; de los 20 a los 39 es el Verano, de los 40 a los 59 es el Otoño, y finalmente después de los 60 comienza el Invierno de la vida. Obviamente es una interpretación natural, en la que uno debe haber cumplido ciertas etapas en la formación personal. Robert Smith escribió un bosquejo de esta canción justamente 1 día antes de cumplir los 40 años.

Aquí tenemos la letra, claro que esta traducción no es mía, la saqué de por ahí.

El último Día de Verano

Nada soy
Nada sueño
Nada es nuevo
Nada pienso
O en nada creo o digo
Nada es verdad
Solía ser tan fácil
Nunca tuve que esforzarme
Sí solía ser tan fácil
Pero el último día de verano
Nunca sentí tanto frío
El último día de verano
Nunca me sentí tan viejo
Todo lo que tengo
Todo lo que mantengo
Todo eso…está mal
Todo lo que siento
O en que confío o amo
Todo eso está…acabado
Solía ser tan fácil
Nunca tuve que esforzarme
Sí solía ser tan fácil
Pero el último día de verano
Nunca sentí tanto frío
El último día de verano
Nunca me sentí tan viejo
El último día de verano
Nunca sentí tanto frío
Nunca me sentí tan solo

Aquí el link

Bien, gracias si llegaste hasta acá con la lectura. Chao

Pistorius

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